copas para vino  
 

Copas para vino

Con la cristalería, al igual que sucede con la cubertería y con la mayoría de los utensilios de cocina, ocurre que hay una gran variedad de elementos de cristal y vidrio que están diseñados para un uso especifico. Dentro de estos elementos encontramos los vasos, las fuentes para horno, las fuentes para ensalada y muchos más, como por ejemplo las copas para vino. Las copas para vino son, tal como lo indica su nombre, piezas de cristalería utilizadas como cuencos para esta bebida, ya sea blanco o tinto. A través de la historia se han utilizado muchos materiales para beber el vino, pero sin dudas el cristal es su mejor aliado.

 
     
 
 

Vidrio y cristal, ¿cual es mejor?

Su historia comienza cuando el hombre se volvió sedentario y comenzó a fabricar elementos para facilitar sus tareas, en vez de utilizar los ya provistos por la naturaleza. De esta manera, el hombre comenzó a experimentar con materiales que le rodeaban y a fabricar cuencos para servirse de agua. Comenzaron con el barro cocido, luego con el barro esmaltado, el cobre, y luego hasta plata y oro para aquellos que pudieran pagarlo. Mediante múltiples investigaciones arqueológicas, hemos descubierto que tanto los griegos como los romanos contaban con copas, principalmente de metal, y que solían decorarlas con piedras o dibujos labrados, en general relacionados con el vino; sin embargo, en ese entonces, las copas eran exclusivas de aquellos de clases altas, ya que eran un símbolo de lujo y no cualquiera podía poseerlas. Si bien no se sabe exactamente cuando fue que comenzó a utilizarse el vidrio para la fabricación de copas, se cree que esto sucedió durante la época fenicia.

Si bien los romanos y también los persas, conocían el vidrio anteriormente, lo utilizaban para fabricar otros objetos en vez de copas, las cuales seguían siendo de oro o plata. Las primeras vidrierías se localizaron en Francia e Italia a principios del Siglo I, pero sin embargo, durante la Edad Media, el desarrollo del vidrio sufrió un gran frenado, hasta que los árabes retomaron su fabricación y desarrollaron nuevas técnicas para elaborarlo. Entre los siglos XII y XV, comenzaron a surgir piezas de vidrio esmaltado en la ciudad de Damasco, los cuales mas tarde fueron utilizadas como modelo por los vidrieros en Italia. El vidrio alcanzo su momento de popularidad durante el Renacimiento. Comenzaron a surgir maestros vidrieros en Venecia, y sus investigaciones permitieron lograr un vidrio puro y blanco, al cual se llamo Cristal de Venecia.

Luego a fines del siglo XVI, surgió la copa estándar como la conocemos hoy, en forma de cáliz y con un pie como apoyo. Los ingleses, más adelante, añadieron oxido de plomo durante la fabricación de vidrio, logrando las copas de cristal transparente. Sus formas seguían el modelo veneciano, pero innovando con diseños y formas en el tallo. En el siglo XVIII aparecieron las copas de cristal labrado, la cuales abrieron pasó poco a poco a copas de calidad más fina y ligera, así como también a las copas de color, las cuales se utilizaban para disimular la turbidez de algunos de los vinos. A partir de esto, comenzaron a desarrollarse copas cuyos tamaños y formas variaban según el vino al que estaban destinadas. Así es como se logro llegar a las copas de vino que conocemos hoy en día. Dentro de la categoría de copas para vino, hay dos grandes distinciones: están las copas para vino blanco y las copas para vino tinto.

 
 
 
 
 

Estilos de copas

Comenzando con las de vino tinto, ya que hay tantas variedades de vino, también hay una gran cantidad de tipos de copas diferentes. Las más comunes, y de las que hablaremos a continuación, son las copas para borgoña y las copas para burdeos. Las copas para borgoña son recipientes de gran volumen. Su boca es ancha, y poseen un borde ligeramente acampanado, lo que realza los sabores y dirige el líquido hacia la punta de la lengua; su forma tan redondeada la vuelve ideal para vinos que requieren una buena oxigenación. La copa para burdeos posee un cáliz más alto que la de borgoña. Su forma es ligeramente menos abombada, pero posee una amplitud que permite destacar la dulzura y los sabores frutales en el vino. La copa para tempranillo es utilizada para vinos de esa variedad, aunque también es muy común en degustaciones, ya que combina aspectos de las dos copas mencionadas anteriormente.

En cuanto a las copas para vino blanco, estas suelen ser más pequeñas que las de vino tinto, dado que el vino blanco se sirve en cantidades menores para evitar que se caliente, dado que es un vino que debe tomarse lo más fresco posible. La copa para vino blanco mas conocía es la de chardonay, la cual es posee un tallo alto y una copa alargada pero no estrecha. La copa para jerez es pequeña y relativamente angosta. Su pie es de los más cortos, y su copa, si bien de poco tamaño, es ligeramente abombada en la base y se angosta a medida que se acerca al borde. Finalmente nos encontramos con la copa para vinos espumosos, la cual es también conocida como copa flauta. Es alta y estrecha, como se puede deducir por su nombre, y se emplea principalmente dado que su forma permite ver el ascenso de las burbujas, y su borde angosto evita que estas se pierdan con rapidez.

 
 
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