horno de barro  
 

Horno de barro

El horno de barro es principalmente un domo construido en general en el exterior, tanto con barro o con adobe. Tiene una entrada frontal y un orificio que cumple el papel de chimenea a un costado para la salida de los gases de combustión. Su uso es relativamente simple; para utilizarlo se lo debe cargar con leña, encenderlo y dejarlo calentar por aproximadamente una hora. Una vez que está listo para cocinar, hay que separar las brasas hacia los costados e introducir los alimentos a cocinar. Tanto la entrada como la chimenea deben ser cubiertas para conservar el calor, y a partir de ese momento tan solo hay que esperar a que la comida este lista.

 
     
 
 

¿Que cocinar en el?

El horno de barro se caracteriza por lograr una cocción totalmente natural y gustosa. El barro y las brazas le otorgan a la comida un sabor único, típico de la comida campestre, que resulta imposible de lograr con otros métodos de cocina. La construcción de un horno de barro, aun siguiendo la idea básica y con un plan previo, puede resultar más difícil de lo que parece. En el campo, donde comenzó su uso, la construcción del horno no era un hecho individual. En este participaban todos los miembros de la familia, o múltiples miembros de un grupo de amigos, no solo por la complejidad del trabajo sino por la creencia de que, si el horno era construido con amor y amistad, la comida cocinada en él una vez finalizado seria más sabrosa. Si bien estos hornos, dados sus materiales o su aspecto físico, pueden parecer poco prácticos o poco evolucionados, lo cierto es que son un elemento clásico de la historia no solo de nuestro país, sino del mundo.

Aunque son normalmente subestimados, los hornos de barro tienen una funcionalidad perfecta, y otorgan a las comidas una esencia única. Por mucho que se ha intentado, no existe al día de hoy un horno que logre imitar el resultado de las comidas preparadas en horno de barro. Las comidas más preparadas en este tipo de horno son aquellas derivadas del pan, como pizzas y otras masas, dado que el tipo de cocción que este horno otorga es perfecto para esta clase de alimentos. Sin embargo, también pueden prepararse diferentes tipos de carnes y aves. Aunque no cuente con el sistema de cocción que cuentan los hornos modernos, y no haya una forma de controlar de forma minuciosa la temperatura, los hornos de barro tienen la capacidad de cocinar una gran variedad de comidas, desde vegetales hasta tortas.

 
 
 
 
 

Origen de estos hornos

Si bien los datos exactos sobre el origen de los hornos de barro se pierden en la historia, recientes descubrimientos indican que estos hornos remontan al antiguo Egipto, específicamente la zona de los ríos Tigris y Éufrates, donde la arcilla es perfecta para la creación de estos hornos. Los primeros hornos de material que se encontraron eran de ladrillo y arcilla, y poseían un hueco en su parte inferior, para colocar la leña, un hogar en el centro en el cual se quemaba dicha leña y una zona de cocción en el frente. De esta forma el piso del horno transmitía el calor, calentando el aire y de esta manera cociendo los alimentos. Más adelante en la historia, los griegos tomaron la idea de este horno y crearon una variación única, al desarrollar una cúpula donde se encendía el fuego para calentar el horno y cocinar así en su parte plana.

Los romanos luego emplearon este horno como una forma de transformar el trigo en un alimento básico para la población; su modelo de este horno poseía un arco como recurso, principalmente como medio para sostener el techo del mismo. En Argentina, los primeros indicios de estos hornos fueron introducidos por los indios guaraníes, quienes lo llamaban Tatacuá. Dada la llegada de los españoles a nuestro país, el uso de los hornos de barro se volvió prácticamente obligatorio en los asentamientos rurales, especialmente en las regiones del norte. Con el tiempo, los hornos de barro fueron ganando popularidad, y su uso se fue extendiendo hacia el resto del país, incorporándose a las costumbres gastronómicas argentinas.

Este tipo de horno recibe su nombre por una vieja costumbre rioplatense, según la cual se utilizaba el barro como material principal para su construcción. Si bien hoy en día muchos de estos hornos están aun compuestos en su mayoría por arcilla, a lo largo de los tiempos se logro evolucionar el modelo clásico del horno de barro, mejorándolo y cambiando su composición. En el pasado, toda la estructura del horno era fabricada por arcilla gauchesca, y aunque muchos conservan esta tradición, son muchos los hornos de barro en los que tan solo la bóveda está hecha de arcilla. En la actualidad suelen estar recubiertos en madera o ladrillo, sobre todo si se encuentran ubicados al aire libre.

 
 
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